Para abrir un kiosco en San Fernando hace falta un decreto del intendente
Por Agustina Ciarletta, dirigente política
Hace unas semanas me puse a leer el Boletín Oficial del Municipio. Ya sé cómo suena. Pero uno agarra el vicio y después no lo suelta.
Me encontré con esto: cada comercio que abre en San Fernando necesita un decreto firmado por el intendente. Cada uno. Una peluquería en Quintana, un taller de chapa y pintura sobre Avellaneda, un kiosco. Está todo ahí, con nombre, apellido, CUIT y número de rubro, boletín tras boletín.
Aclaro enseguida que esto no es un invento de Juan Andreotti: Es como está armado el sistema desde hace décadas y funcionaría igual con cualquiera sentado en ese despacho. Pero el problema no es el decreto.
El vecino que quiere abrir su local, no ve el decreto, ve otra cosa: semanas y semanas, documentación presentada de forma reiterada, fotocopias, visitas a la municipalidad. Ve también que el alquiler ya empezó a correr (teniendo la persiana baja) y que la mercadería está adentro esperando.
Cruzás el túnel y es otro mundo
En San Isidro, desde el año pasado, habilitar un comercio se hace entero de forma digital: cargás el DNI, el contrato de alquiler y los planos en PDF. Y no pagás nada, porque eliminaron la tasa de habilitación. Ya van 1.000 comercios abiertos así, y en los rubros más simples el trámite se resuelve en menos de 24 horas.
Pero para que no me digan que hablo bien de San Isidro porque somos políticamente más afines, también puedo mencionar a Tigre: hay un portal web para locales de hasta 200 metros cuadrados: sacás una credencial digital con código QR y seguís todo online. Si bien es sólo para comercios de hasta 200 m2, ni siquiera eso tenemos en San Fernando.
San Isidro y Tigre los gobiernan intendentes de signos políticos distintos, así que la discusión no es ideológica: es una decisión de gestión que ellos tomaron y San Fernando todavía no.
Lo que más me llama la atención es que San Fernando sabe hacer estas cosas: la Secretaría de Modernización hizo un trabajo serio con las cámaras conectadas por fibra óptica, el wifi público, el botón de pánico… Llevar esa capacidad a la habilitación de comercios es solo una decisión política.
Esto nos repercute a todos
La habilitación le cambia la vida a unos cuantos. El mostrador nos toca a todos.
La libreta sanitaria para que una camarera pueda pedir trabajo, un libre deuda para gestionar otro trámite, la licencia de conducir. Pero también el reclamo por una poda o un pozo, que arranca bien por teléfono y después nadie sabe en qué quedó. Y las exenciones de tasas para jubilados o para una familia que tiene un hijo con discapacidad, que en un montón de municipios hay que volver a tramitar cada año, en persona, para demostrar algo que no cambió y no va a cambiar.
Esa señora de 78 años que hace la fila de nuevo cada febrero no es un caso aislado ni un error del sistema: es el sistema funcionando como fue diseñado. Lo importante es entender que podemos diseñarlo distinto.
Nada de esto hay que inventarlo. Está funcionando a diez minutos de acá. Y cada semana que un local está cerrado esperando un papel es una semana sin facturar y sin tomar empleados. En una ciudad donde conseguir trabajo cuesta lo que cuesta, eso no es un detalle administrativo.
San Fernando modernizó la ciudad: ahora falta modernizar puertas adentro. Y para eso no hay que esperar a nadie: es una decisión política.













