Nada espontáneo, todo premeditado: la política golpista de la izquierda
Por: Diego Avancini Presidente Bloque La Libertad Avanza Tigre
Lo que vimos en las inmediaciones del Congreso no fue una manifestación social espontánea ni una reacción emocional del momento. Fue violencia organizada, planificada y ejecutada con un objetivo político claro: generar caos para intentar doblegar el debate democrático.
Mientras el Senado trataba una ley clave para el futuro del trabajo en la Argentina, grupos movilizados llegaron con logística, elementos para agredir y una dinámica coordinada de enfrentamiento. Eso no es protesta social, es acción política violenta diseñada para intimidar al sistema institucional.
Cuando aparecen piedras preparadas, bombas molotov, elementos para resistir el accionar policial y tácticas de confrontación, queda claro que no estamos frente a ciudadanos que fueron a manifestarse pacíficamente. Estamos frente a grupos que fueron a generar desorden, a romper el funcionamiento institucional y a instalar la idea de que las decisiones del Congreso pueden torcerse mediante la violencia callejera.
Cuando la violencia se organiza para infundir miedo, paralizar instituciones y condicionar decisiones democráticas, estamos frente a prácticas que se acercan peligrosamente al terrorismo político contra el orden constitucional.
Defender la democracia también implica ser claros en algo: el derecho a manifestarse es legítimo, es constitucional y es parte esencial de nuestra vida republicana. Pero ese derecho se transforma en otra cosa cuando se organiza la violencia como método político. La democracia no se defiende rompiendo el orden institucional, ni intentando reemplazar el debate parlamentario por el apriete en la calle.
El Congreso es el ámbito natural del debate de las leyes. Ahí se discute, se argumenta, se vota y se representa la voluntad popular. Cuando sectores políticos intentan imponer sus posiciones a través del miedo, la destrucción o el ataque a las fuerzas de seguridad, no están defendiendo derechos, están atacando directamente el corazón del sistema democrático que dicen defender.
Y esto se define lisa y llanamente con una sola palabra: Terrorismo.
La Argentina necesita cerrar definitivamente la etapa en la que la violencia política era una herramienta de presión. Las transformaciones que el país necesita se discuten con ideas, con votos y con instituciones fuertes. La democracia se protege respetando las reglas. Todo lo demás no es militancia, es terrorismo político, es golpismo.














