Miércoles, 1 de Octubre de 2014

En 2015 también se juega el modelo de comunicación

Por: GERARDO MILMAN

La mayoría de los analistas de opinión pública coinciden en que lo que se pondrá en juego en las próximas elecciones presidenciales será la alternativa entre continuidad y cambio. De un lado se encolumnarán quienes pretendan suceder al kirchnerismo siendo sus más fieles delegados o representantes y, del otro, lo harán quienes, con matices, enarbolarán banderas y discursos que resultarán más o menos interesantes y creíbles.

 

Pero no sólo se pondrán sobre el tapete quiénes serán los posibles candidatos que tendrán a su cargo la posibilidad de tomar la posta del destino político del país; también podremos elegir entre distintas culturas de la comunicación posibles.

 

La disyuntiva entre continuidad y cambio se dará también en el terreno de la palabra y de la escucha como elementos centrales para construcción y consolidación de acuerdos de gobernabilidad democrática.

 

El pueblo podrá elegir entre quienes escuchen para intentar hacer su voluntad y quienes hacen su propia voluntad sin escuchar, imponiendo un relato imaginario.

 

Seguramente encontraremos también representantes de esa poco democrática y cada vez más natural propensión a fingir que se escucha para terminar traicionando.

 

Quizá, en el mejor de los casos, volverá a ocurrir aquel fenómeno político (tan bien descrito por el politólogo Guillermo O´Donnell) según el cual los votantes, en lugar de ser considerados mandatarios, terminan delegando en los electos facultades apropiadas por fuera del contrato electoral.

 

En 2015 podremos elegir entre la continuidad de un modelo de comunicación que distorsiona la realidad y la manipula, intentando adecuarla a su propio imaginario en beneficio de sus propios intereses, o cambiar por un modo de comunicarse más sincero y representativo, conectado con nuestras necesidades cotidianas y aquello que realmente nos pasa.

 

Los argentinos merecen una democracia sin tutelajes ni vanguardias iluminadas. Un país sin delegación de facultades en blanco; con controles efectivos y derecho a ser informados sobre las cuestiones públicas como corresponde a una democracia avanzada, inclusiva y verdaderamente igualitaria. Una nación que destierre para siempre frases y palabras como apriete, escrache y cadena del desánimo, y las reemplace por diálogo, comprensión, integración y tolerancia.

 

Es de esperar que en 2015 prevalezca el respeto hacia quienes piensan distinto, instituyéndose una nueva etapa en la que el país y la palabra sean puestos en valor y jamás vuelvan a ser corrompidos.

 

GERARDO MILMAN   Director del AFSCA

#1461