Miércoles, 22 de Octubre de 2014

Compañero Tony

Por: SANTIAGO CAFIERO

Me dan la posibilidad de escribir unas líneas sobre mi abuelo, Antonio Cafiero. Me tienta hacer un decálogo de las funciones políticas que ocupó porque me enorgullece, fue Ministro de Perón, su relación con Evita, la Resistencia Peronista, su participación en la vuelta del General, Ministro de Economía, Embajador, Diputado, Fundador de la Renovación Peronista, Gobernador, Presidenciable y Senador.

 

O más épico, la cárcel por sostener sus ideales, su participación en la lucha por los derechos humanos, la defensa de la democracia. Claro, también soy militante político y peronista, y recordar ese aspecto público de su vida me conmueve, aunque también está el privado, el de su familia, sus amigos y afectos; en este caso hay un sinnúmero de anécdotas, su humor, Boca, sus consejos.

 

Creo que era una persona excepcional y supo conjugar ambos espacios, entrelazarlos para que coexistieran desde una dimensión ética y confraternal. Así, dedicó su vida a la política y trasladó un fuerte bagaje de valores familiares a su actividad pública y viceversa, de Tony (familia) a Don Antonio (Política). 

 

Pienso, no sería justo monopolizar la reflexión familiar, así que aproveché para preguntar a tíos, tías y primos, qué sentían, qué representaba él, cuál era el legado. Teniendo en cuenta el volumen de familia que mis abuelos construyeron y la necesidad del editor de contar con el escrito en un tiempo estimado, pude hacer un muestreo, de lo contrario sería poco menos que una consulta popular (10 hijos/as, 39 nietos/as y 23 bisnietos/as).

 

La pasión. Por su mujer, Anita; por la política, por Boca. Coincidían. Vivió apasionadamente cada desafío que le tocó enfrentar y supo encontrar el lado positivo de las cosas hasta dentro de un calabozo por tener ideales.

 

Su pasión fue el motor inagotable que le daba energía, tanta que la vuelta de la democracia lo entró con 60 años y una extensa carrera política, sin embargo quedó resto para ser diputado, gobernador, embajador y senador, entre otras cosas. 

 

Convicción. Plantear sus ideas, ser respetuoso de las ajenas, pero siempre hacer oír las propias. Lo recuerdo hablando sobre la tolerancia a la frustración como característica del militante político y que el valor de sostener convicciones profundas es un buen antídoto para los avatares del rubro y la vida misma. 

 

Perdón. Tantos años dedicados a la política le trajeron muchos sinsabores y algunas traiciones. La capacidad de perdonar, seguro fue distintiva en su persona. Capacidad en la que influyó mi abuela y que hizo que el rencor no inundara su corazón y nublara sus acciones. 

 

El peronismo como forma de vida. Lo escuché hasta el cansancio repetir a quienes no entendían al peronismo que lo evaluaban con categorías de análisis europeístas; de derecha, de izquierda, autoritario, democrático, progresista, reaccionario.

 

Nada de eso. El peronismo es un sentimiento con pinceladas de racionalidad. Y avanzó en su argumentación cuando definió a la doctrina justicialista como una forma de vida, valores que él abrazó en la gesta del 17 de Octubre de 1945 y guiaron su vida hasta el final.

 

La cercanía al abuelo, bisabuelo o padre, el amor y cariño, puede agudizar la valoración sobre cuán influyente fue en los procesos históricos que le tocaron (eligió) vivir. No sé si cambió la política, al peronismo o a la Argentina, pero sí nos cambió a toda su familia y a mí. Hasta siempre Compañero Tony. 

 

Para el lector que aún sigue ahí y en la semana del Día de la Lealtad, le comparto esta perla de Antonio Cafiero (o Tony) relatando el 17 de Octubre.   

 

"Era el 17 de octubre de 1945. A eso de las doce y media comencé a presenciar un espectáculo imprevisto. Llegaron los primeros empleados de las oficinas, las chicas que dejaban el trabajo en los talleres y marchaban tomadas de los brazos. De pronto, racimos de muchachos con el torso desnudo y las camisas abiertas que por primera vez se los veía aparecer en el centro cruzaban corriendo la plaza a los gritos de ¡Viva Perón!. No se atacaba a nadie. No había insultos. No se rompían vidrieras.

 

Más aún, lo que hacían era expresarse con ironía popular que, más que agredir, humillaba a los adversarios. Sus gritos eran de una intensidad formidable. ¡Perón Presidente! Nadie los dirigía. Todo era espontáneo. Todo eso confluía en un ambiente de fiesta, más que de reclamo o violencia. Todos inquiriendo, ¿dónde está Perón?. (...) Una bomba de gas lacrimógeno me hizo refugiar en la tienda El Coloso.

 

Me quedé allí largo rato viendo pasar más y más columnas. (...) Más de uno amagaba con asomarse desde los balcones de la Casa Rosada para calmar a la multitud, pero recibía invariablemente rechiflas y el grito de ¡Perón Sí, otro No! Anochecía y les dije a mis compañeros: “La gente está pacíficamente esperando pero no se va a retirar”.

 

Sobre Avenida de Mayo se había formado en hilera la policía montada, que de sólo mirarla daba miedo. Venía avanzando hacia aquel mismo sector una columna de los obreros de los mataderos de Berisso. Pero a medida que iban pasando, los policías se quedaban quietos. Y en un momento, un policía se sacó la gorra, la tiró por el aire y gritó ¡Viva Perón, Carajo! Comenzó a oscurecer, se encendieron antorchas con las hojas de los diarios y toda la expectativa estaba puesta en el Balcón de la Casa Rosada.

 

Se anunció que Perón estaba viniendo a la Casa de Gobierno. A las 10 y 30 de la noche llegó Perón y dialogó con Farrell, ¿qué hago con esta gente coronel, qué tengo que hacer? Llame a elecciones ya, le dijo Perón.

 

Y salió al balcón para encontrarse con la multitud que lo aclamaba. La plaza rugía ¿dónde estuvo, dónde estuvo? Perón inventó una respuesta pacífica porque en ese momento su objetivo era evitar a toda costa la violencia. Nos empezamos a desconcentrar. Llegué a mi casa. Mi madre me esperaba nerviosa y angustiada.

 

Eran las dos de la mañana, no había trenes, ni tranvías. ¿Cómo volviste?, me preguntó. Caminando, le dije y agregué: “Hoy vi algo que no me voy a olvidar en toda mi vida”. Y realmente fue así, jamás pude ni lo podré olvidar. Aquel día, en una sola tarde, el pueblo realizó una revolución pacífica que cambiaría la historia y fundó el partido político más importante de la Argentina”. (Del libro Militancia sin Tiempo, mi vida en el Peronismo, Biografía oficial del Dr. Antonio Cafiero, Editorial Planeta, diciembre de 2011).

 

 

SANTIAGO CAFIERO   Dirigente peronista de San Isidro

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